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Propuesta Tratamiento Evaluación Docente 2007

Propuesta de política para la difusión y tratamiento de los resultados
de la encuesta de satisfacción con el desempeño docente de
parte de los estudiantes


Con el fin de facilitar que la información obtenida por la evaluación de la docencia que realizan los estudiantes, sea utilizada efectivamente como herramienta de mejoramiento de la calidad de la docencia impartida en la FACSO, se considera necesario establecer algunos principios generales que regulen su difusión y tratamiento.

Se propone que esta propuesta se regule por los siguientes siete sentidos generales: El sentido de la interpretación de los resultados de la evaluación de la docencia que hacen los estudiantes, debe estar puesta por parte de todos los integrantes de la comunidad de la FACSO, en el esfuerzo de mejoramiento de la calidad de la docencia impartida en la FACSO y debe ser manejada de manera que mejore la calidad de las relaciones interpersonales al interior de nuestra comunidad. Evidentemente, el desempeño del docente no puede ser reducida a una única dimensión, en este caso, la evaluación del desempeño docente por parte de los estudiantes, por lo tanto resulta necesaria su consideración en relación a otros indicadores, como la evaluación de pares y/o la autoevaluación, de modo tal, que ninguno de dichos indicadores puede ser considerado por sí solo como un criterio absoluto sobre el tema.

Sin embargo, es preciso tener claro, que son los estudiantes quienes se encuentran una posición muy adecuada para realizar una evaluación del desempeño de la docencia, pues son éstos quienes se encuentran cotidianamente en dicho contexto e interacción con los académicos, por lo tanto, las evaluaciones de las actividades de docencia realizadas por los estudiantes, constituyen un indicador muy adecuado a considerar en el análisis de esta dimensión de la actividad académica. Por otro lado, la satisfacción de los estudiantes durante un semestre en un curso determinado no necesariamente refleja el desempeño docente de un académico a largo plazo y en otros cursos, por lo que se debe evitar realizar interpretaciones absolutas basadas en un solo resultado. Dado lo particular de las situaciones internas de cada carrera integrante de la FACSO, son los Comités de Docencia de cada carrera quienes principalmente deben utilizar los resultados de esta encuesta como herramienta de gestión docente, lo que, claro está, no excluye su uso por parte de otros integrantes de nuestra comunidad.

La evaluación de la docencia por parte de los estudiantes es realizada en el marco de una universidad pública, por tanto debe estar disponible para su consulta por parte de la comunidad de la Facultad. No obstante lo anterior, esta difusión no debe dar pie a ninguna forma de exposición pública irrespetuosa, especialmente de aquellos académicos que obtuvieron puntualmente evaluaciones menos satisfactorias. En función de los siguientes principios se propone desarrollar las siguientes estrategias:

A.- Publicación de los resultados de la evaluación:

Los resultados se harán públicos en la página web de la FACSO de manera que estén disponibles para su consulta por parte de la Comunidad de la FACSO, requiriéndose una clave de identificación para acceder a ella. Estos resultados públicos se presentarán en forma general para la FACSO y cada Carrera. Además, los resultados se entregarán impresos a la Escuela de Pregrado, al Centro de estudiantes y a las jefaturas de cada carrera, para facilitar que los resultados sean discutidos al interior de los distintos comités de docencia de cada carrera.

Estos resultados se presentarán agrupados para la FACSO y para cada carrera y también desagregados por profesor y curso, pero sin construir índices globales que pudieran implicar decisiones complejas de ponderación de respuestas (es decir, los resultados sólo se entregarán pregunta por pregunta). Los integrantes del Consejo de Escuela (Jefaturas de Carrera, Centro de Estudiantes, Secretaría de Estudios, Dirección de Escuela) podrán hacer uso de la base de datos de las respuestas relativas a su carrera o a la Facultad, siempre que se comprometa a utilizar la información obtenida respetando los sentidos establecidos en este documento. Cualquier otro uso de la base de datos (investigación sobre docencia) puede ser autorizado siempre que se guarde el anonimato de los docentes evaluados.

B.- Tratamiento de los resultados de la evaluación:

Será tarea del comité de docencia de cada carrera y del Director de cada Departamento revisar y discutir los resultados de la evaluación docente. Evidentemente cada docente puede utilizar sus propios resultados para mejorar su desempeño como docente. También la Comisión de Evaluación de la Facultad y la Escuela de Pregrado pueden considerar estos antecedentes al evaluar la docencia de los académicos.

Específicamente con relación a los docentes que hayan obtenido una evaluación poco satisfactoria por primera vez (respuestas que en promedio no alcancen un nivel al menos regular en una pregunta global o en una puntuación sumatoria que se podría construir), será tarea de los Comités de Carrera (con acompañamiento de los Directores de Departamento) tener reuniones personalizadas en que se discutan los resultados obtenidos tratando de interpretarlos (considerando las condiciones materiales de la realización de la docencia, el estilo de la docencia impartida, las condiciones de la asignatura, las relaciones interpersonales construidas, entre otros factores). De dicha reunión debe emerger una o varias hipótesis que contribuyan a explicar los resultados obtenidos y una propuesta de cambios en el trabajo de la asignatura (en caso que el profesor deba realizarla nuevamente) o de sugerencias para otros docentes.

Si un docente obtiene una segunda evaluación insatisfactoria, en la misma asignatura, sin que medien entre ambas al menos dos evaluaciones satisfactorias, se debe volver a realizar una reunión como la descrita anteriormente. De dicha reunión debe emerger una nueva explicación de la evaluación obtenida y otra propuesta de modificaciones, incorporándose a esta propuesta la participación del docente en algún curso de capacitación pedagógica u otro tipo de apoyo formal al docente, si ello fuera pertinente. Si un docente obtiene una tercera evaluación insatisfactoria, en la misma asignatura, sin que medien entre ésta y la segunda al menos dos evaluaciones satisfactorias, y siempre que a juicio del Comité de Carrera se hayan implementado las políticas de apoyo descritas en el punto anterior, el docente debe ser suspendido de dictar dicha asignatura, al menos por tres oportunidades en que ésta se dicte.

Con relación a los docentes que hayan obtenido una evaluación destacada (respuestas que en promedio alcancen un nivel alto de satisfacción en una pregunta global o en una puntuación sumatoria que se podría construir), cada Comité de Docencia, la Escuela de Pregrado o las autoridades de la Facultad, podrán utilizar dicha información para entregar incentivos no monetarios (por ejemplo, reconocimientos públicos). Si el Consejo de Facultad estima posible relacionar estos resultados con algún tipo de incentivo monetario, debe tomar una resolución expresa en ese sentido. Por último, es preciso explicitar que las disposiciones propuestas en este documento deben ser entendidas como supeditadas a la normativa vigente actualmente dentro de la Universidad, así como también lo estará en relación a las modificaciones que dicha normativa sufra en lo sucesivo.

PONENCIA RODRIGO ASÚN: Comentarios respecto al Perfil Futuro de la Carrera de Sociología en la Universidad de Chile

El 27 de Agosto del 2008 se realizó el panel: "El perfil del sociólogo y socióloga de la Universidad de Chile, posibilidades y orientaciones para su definición", donde expusieron los profesores: Canales, Barozet, Asún y Mayol.

PONENCIA RODRIGO ASÚN: COMENTARIOS RESPECTO AL PERFIL FUTURO DE LA CARRERA DE SOCIOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE


Para responder a la pregunta respecto a hacia donde orientar la carrera de sociología de la Universidad de Chile en el futuro, creo que dos buenos puntos de partida son los siguientes:


(a)
Preguntarse cuales son las potencialidades e intereses que tiene actualmente el cuerpo docente de la carrera y (b) Preguntarse cuales son las principales fortalezas que tiene hoy esta carrera en la Universidad de Chile.

Respecto a lo primero, sólo puedo responder por mi y mis propios intereses, los que se orientan claramente a la formación de investigadores sociales de carácter académico. Respecto a lo segundo, creo no equivocarme si afirmo que una de las principales potencialidades de la actual carrera de sociología de la universidad de Chile y que la distingue de otras carreras es su acento en la formación de muy buenos investigadores sociales y al dominio de teoría sociológica.

Es cosa de ver nuestra malla actual para confirmar que disponemos de una serie larga y numerosa de asignaturas asociadas con el aprendizaje de técnicas y métodos de investigación social y con el dominio de teorías sociales y sociológicas. Creo entonces que un acento que debe tener la futura malla de sociología, y por tanto, el perfil del sociólogo de la Universidad de Chile, debe estar en potenciar estas potencialidades.

Cuando digo que “un acento” debe estar puesto en ello, quiero decir que no creo que la carrera deba tener sólo un acento o que este que propongo sea excluyente con otros, por el contrario, me parece que una forma en que se puede expresar el pluralismo de la Universidad, puede consistir en que la carrera alberge varios acentos en función de las preferencias o intereses de nuestra comunidad académica (estudiantes y académicos).

En este sentido, lo que propongo sería que uno de nuestros acentos esté puesto en la formación de investigadores sociales. Especificando un poco, en la docencia relacionada con la investigación social uno puede distinguir dos grandes acentos, uno centrado en la formación de investigadores aplicados, es decir, orientados a desarrollar estudios con alta demanda social inmediata en empresas, organismos de gobierno, ONG u organizaciones sociales, y otro centrado en el intento de formar investigadores más académicos, es decir, centrados en temáticas de contenido más disciplinario y teóricamente más exigentes. Estos segundos investigadores tienden a desarrollar estudios al amparo de fondos concursables de carácter más científico, en organismos internacionales o en otras instituciones especializadas en investigación social.

Si bien actualmente es indudable que el campo ocupacional es más amplio en la investigación aplicada que en la académica, yo sugeriría que nuestro acento formativo debe estar puesto en la formación de investigadores sociales académicos. Esto lo señalo porque en su mayor parte las habilidades y competencias necesarias para desarrollar un buen investigador académico, son prácticamente las mismas que requiere un buen investigador aplicado, aunque posiblemente un investigador académico requiere un nivel de dominio más alto de muchas de ellas. Por tanto, alguien que ha sido formado para ser un investigador académico sin duda podrá desempeñarse como investigador aplicado llegado el caso.

Entonces, ¿cuáles creo yo que son las principales destrezas que debemos formar, para lograr que nuestros estudiantes se transformen en buenos investigadores académicos?.

En primer lugar, se debe formar a nuestros estudiantes en un sólido manejo de técnicas de investigación y análisis cuantitativas y cualitativas, intentando que comprendan su complementariedad, aunque podría ser que personalmente ellos se orienten más hacia una u otra en función de sus preferencias y habilidades personales.

En segundo lugar, se debe brindar a los estudiantes un sólido manejo de teorías sociales y sociológicas de alcance macro, medio y micro, de manera que sean capaces de traducir las grandes miradas sobre la sociedad a distintos campos de estudio delimitado. No basta con que los estudiantes conozcan grandes teorías, se debe estimular la habilidad de utilizarlas en investigaciones empíricas acotadas y relevantes.

En tercer lugar, se debe brindar a los estudiantes una sólida formación epistemológica que les permita a nuestros estudiantes tener una mirada crítica respecto a la validez de sus propias investigaciones y las de otros.

En cuarto lugar, se debe brindar a los estudiantes espacios en donde hacer práctica de investigación, que les permita integrar los conocimientos adquiridos en un esfuerzo colectivo de estudio de un tema delimitado. Actualmente nuestra carrera dispone de uno de esos espacios, materializado en los talleres 1 y 2, pero creo que ese espacio es actualmente insuficiente pues tiene carácter terminar. Se podría estudiar implementar otros espacios curriculares similares en niveles inferiores de la formación que ayudaran a comprender a los estudiantes la forma en que se deben complementar la teoría y la metodología al realizar investigación social.

Finalmente, creo que una quinta destreza que se debe fomentar es la capacidad de trabajo en equipos, que les haga comprender a los estudiantes que la realización de investigaciones de nivel profesional está asociado a la capacidad de vincularse con otros y complementar capacidades, más que al esfuerzo de investigadores individuales. En definitiva se trata de que los estudiantes aprendan la importancia de la creación e integración en “líneas de investigación”, más que la realización de estudios aislados.

¿Cómo se podría materializar la formación de estas destrezas en la malla de sociología?

Creo que la malla que disponemos actualmente tiene algunas interesantes fortalezas pero también algunas debilidades. Dentro de las fortalezas podemos señalar lo anteriormente mencionado: una fuerte línea curricular en formación metodológica y otra en formación en teoría social y sociológica. A pesar que ambas líneas son de buena calidad por separado, se nota cierta dificultad en su integración y complementariedad. En otras palabras, a los estudiantes les cuesta ver la utilidad que tiene un aprendizaje para el otro y su imbricación en una investigación concreta.

Frente a este diagnóstico la sugerencia sería revisar con prudencia los contenidos y estrategias pedagógicas que se están utilizando en ambas líneas para ver si es posible su mejoramiento. Digo “con prudencia” porque creo que una de las ventajas que tiene el currículum de sociología es la calidad de la formación en estos dos temas y por mejorarlos no se debe poner en riesgo eso que se posee.

Una posible solución sería que la integración entre estas dos líneas quede a cargo de espacios curriculares especializados en práctica de investigación, en donde se puede pedir a los estudiantes que realicen el ejercicio de integración de la teoría y la metodología. Otra posible solución podría ser desarrollar al interior de los cursos de metodología y teoría trabajos compartidos que sean evaluados por ambas asignaturas y por tanto que condicionen a los estudiantes a responder a requerimientos teóricos y metodológicos. Otra posible sugerencia a nivel curricular que quiero expresar tiene que ver con aumentar la efectividad en la carrera. Actualmente disponemos de un currículum bastante rígido, ya que sólo 8 de los 44 cursos que contempla la malla son electivos (a penas un 18%).

El aumentar la efectividad tendría una serie de ventajas: a) mejoraría los aprendizajes al hacer que los estudiantes estudiaran aquello que realmente están dispuestos a aprender; b) permite una mayor rotación de cursos para los profesores evitando la curva descendente del rendimiento que ocurre después de dictar varias veces la misma asignatura, c) permite a los estuantes ejercitar el autoaprendizaje al enseñarles a elegir sus actividades curriculares desde la oferta de la Carrera, y d) diversifica la oferta de cursos que la carrera.

La dificultad que tiene optar por una malla más flexible sin embargo es doble y debería ser discutida si se tomase esa dirección: se debe determinar cuales son los límites a especialización que se permitirá en el pregrado y si ello va aparejado con la concesión de menciones y se debe discutir cual es el conjunto básico y mínimo de conocimientos en cada campo que la carrera debe asegurar a todos sus estudiantes, de manera que la electividad no conspire contra el dominio básico que debe tener todo egresado de nuestra carrera en los diversos campos de conocimiento.

PONENCIA EMMANUELLE BAROZET. Debate so bre el perfil de egreso de la carrera de sociología: Una aproximación desde la realidad laboral

El 27 de Agosto del 2008 se realizó el panel: "El perfil del sociólogo y socióloga de la Universidad de Chile, posibilidades y orientaciones para su definición", donde expusieron los profesores: Canales, Barozet, Asún y Mayol.

PONENCIA EMMANUELLE BAROZET: DEBATE SOBRE EL PERFIL DE EGRESO DE LA CARRERA DE SOCIOLOGÍA. UNA APROXIMACIÓN DESDE LA REALIDAD LABORAL

Quisiera primero agradecer la invitación a esta actividad, y luego aclarar desde qué perspectiva hablaré respecto del perfil de egreso. Quisiera precisar para quienes no me conocen, que dentro de la FACSO me desempeño en dos planos distintos: en la Dirección de Postgrado, que no me parece aquí la mejor perspectiva para analizar el tema que nos convoca, y como profesora e investigadora del Departamento de Sociología, que puede ser una perspectiva más adecuada. Para quienes aún no lo saben, no soy chilena, me crié en Europa, y llegué a Chile a una edad adulta, por lo cual mi entrada a este tipo de debate no es a través de un conocimiento histórico de la cultura de la Universidad de Chile, sino que mi visión del perfil y del oficio del sociólogo es teñida por experiencias desarrolladas en otras latitudes.

También hablaré desde las características que se necesitan para trabajar en equipos de investigación académica, o desempeñarse laboralmente en variados espacios, porque ya he visto a tres generaciones de egresados de esta carrera desenvolverse en esos planos. Finalmente, y quizá sea esto lo principal, hablaré desde el sentido común, pues tengo entendido que la reflexión sobre el perfil también responde a la necesidad de mejorar o perfeccionar la “empleabilidad” de nuestros egresados en el mercado laboral y que por lo tanto, más allá de reflexionar sobre un perfil ideal, debemos fijarnos como misión pensar en cómo ese sociólogo o socióloga ideal se insertará en el mercado laboral. Por estas razones, me centraré más bien en los conocimientos y destrezas que se adquieren por malla, y más allá de la malla.

Partiré con la introducción del documento que los académicos elaboramos sobre este tema el año
pasado: “El titulado/a de la carrera de Sociología de la Universidad de Chile será un/a profesional
definido por su capacidad investigativa y reflexiva, con una mirada critica-propositiva, que le permita comprender y explicar la realidad social en la que está inserto/a, tanto local como globalmente”. No puedo estar más de acuerdo; de hecho fui parte del equipo que elaboró el documento. Sin embargo, para aterrizar el debate, me centraré en tres dimensiones, que me parecen relevantes para describir con más precisión lo que se puede y debe esperar de esta carrera.

1) Destrezas sociales: el aprendizaje en terreno del oficio del sociólogo La sociología, al ser una disciplina, al igual que las ciencias sociales, cuyo conocimiento se elabora entorno al ser humano, debe sólo hasta cierto punto ser una disciplina de libros y biblioteca. Por supuesto, se trata de una parte central del aprendizaje, pero se espera que el sociólogo, además de estudiar la sociedad, sepa investigarla y reflexionar sobre ella, en base a una interacción con ella misma.
Por lo tanto, debe ser capaz de interactuar genuina y eficientemente con ella. Esto significa que el perfil de egreso debe contemplar el desarrollo de una serie de destrezas sociales, que incluyen:

- Capacidad crítica para analizar la posición de uno y del lugar que ocupa en la sociedad
- Capacidad de adaptación rápida a situaciones nuevas y espacios nuevos
- Apertura mental hacia la diferencia
- Capacidad de empatía con las personas con las cuales se interactúa, incluso las más lejanas en términos socioeconómicos, ideológicos, culturales, etc.

Estos aspectos, hasta el momento, no han sido abordados por la discusión del perfil. Tengo entendido que la carrera de antropología tiene trabajos de terreno en las vacaciones de invierno, que son parte integral de la formación, y que seguramente permiten in situ desarrollar este tipo de habilidades. A cambio, en el caso de nuestra carrera, la sociología se realiza básicamente en el aula y en la biblioteca, o frente a computadores. Creo que hasta el momento, son marginales los intentos de los profesores por enviar a los estudiantes a terreno en una época temprana en la carrera; por lo menos ya no lo hago y sé que es deseable hacerlo. Tiene que ver con el tiempo y la disponibilidad que tenemos, pero también con recursos, pues no se trata de “soltar” a los estudiantes en el Norte o en el Sur, sino que planificar procesos de aprendizaje a través de la inmersión sociológica, en base a cada etapa de la formación y de la adquisición de destrezas claramente definidas.

Se trata de un elemento central para el perfil del sociólogo, debido a la extrema segmentación social de la sociedad chilena. Ya se sabe que los chilenos se relacionan en la familia, colegio, universidad, barrio, con gente muy parecida en términos socioeconómicos y por lo tanto culturales. La homogeneidad de los círculos sociales es muy fuerte y no existen ventanas de apertura a otros medios sociales en las etapas tempranas de la vida social, por lo cual la carrera debe hacerse cargo de este punto y ofrecer la posibilidad de realizar inmersiones en otros medios. No tenemos los recursos en este momento para enviar a los estudiantes a investigar comunidades de pescadores artesanales en la 6ª Región o estudiar la producción forestal y su impacto social en la 9ª Región, o la corrupción en municipios de la 1a Región, pero quizá el proyecto Bicentenario nos permita pensar en inmersiones de este tipo.

Para cerrar este punto, ingresaré a un terreno pantanoso, pero importante para mí, y para ello, citaré una frase de Lipset Seymour Martin, que proviene del libro El excepcionalísimo norteamericano: una espada de doble filo (1996): “Quienes conocen a un solo país no conocen a ningún país”. Me parece importante que en el transcurso de su formación los estudiantes puedan viajar a otro país y permanecer en él, para experimentar cómo es la vida en otra realidad. Esto ya no depende de la carrera, sino que de la Universidad, del Programa de Movilidad Estudiantil, que no tiene muchos recursos, pero vale la pena no perder ese punto de vista. Si no se tiene puntos de comparación respecto de la realidad en la cual se vive, es difícil opinar con propiedad sobre ella.

2) Destrezas de oficina: una propuesta poco “sexy”, pero necesaria. El sociólogo egresado trabajará básicamente para el sector público, el sector privado, para ONGs o asociaciones. Como se señala en el informe de autoevaluación para la acreditación de la carrera, de enero del 2008, “se puede sostener que el sociólogo y su rol profesional, así como sus trabajos característicos, cambiaron a lo largo de las cuatro décadas del período 1965-2005 y que en lo medular, este cambio hizo que los sociólogos fundamentalmente dedicados a conocer e interpretar la realidad socioeconómica y política del país, en las fases iniciales del período, pasaran a constituirse en productores de información, debido a las transformaciones del mercado laboral de la profesión.

Adicionalmente, se puede también sostener que este cambio se tradujo en una progresiva y sostenida ampliación de oportunidades laborales en el sector privado, de manera tal que paralelamente al Estado, las agencias públicas y las universidades tradicionales, que en Chile fueron grandes demandantes de trabajo profesional de los sociólogos en los años 60 y comienzos de los 70, se desarrolló desde mediados de los años 70 (Raczynski, 1977; Urzúa 1977) un creciente espacio laboral en el sector privado tanto en las ONGs privadas, como en las universidades privadas y las empresas. La apertura de la profesión sociológica al mercado laboral privado como fenómeno relativamente temprano en el período estudiado, es un corolario importante de la hipótesis central” (p.26).

Todos estos espacios tienen algo en común: el trabajo de oficina. Parecerá muy básico lo que señalo ahora, pero creo que jóvenes egresados no podrán discrepar. De hecho, apelo aquí no sólo a mi experiencia de investigación respecto de los egresados que han trabajado conmigo, sino que a una conversación reciente con Silvia Órdenes y José Ortiz: lo primero que hace el sociólogo es papeleo, redactar cartas formales, relacionarse con colegas, realizar llamadas telefónicas, llenar formularios y generar los antecedentes para armar proyectos. Ya no existe – si ha existido alguna vez – el sociólogo en su torre de marfil. No podrán investigar, ni producir información y menos conocimiento, si no son capaces de conseguir los recursos para ello y armar proyectos sólidos, completos, bien presentados, con toda la documentación que se requiere, para la fecha que se requiere. Sin embargo, a pesar de que manejar estas destrezas básicas de una secretaria o secretario es el paso previo a la generación de ideas, no se les enseña a escribir una carta formal, a trabajar en equipo, en saber buscar lo que necesitan. Sé que no es muy “sexy” mencionar este tema, porque los estudiantes tienen la idea de que si no vuelan en altas esferas de la teoría y del pensamiento y que no se les pide que cambien la sociedad, entonces se les desvalora. Eso no impide que sepan también algo que no es tan básico: saber funcionar en una oficina, que será, se quiera o no, el espacio en el cual se moverán en primer lugar y durante casi toda su vida profesional.

3) El profesionalismo: Uno de los elementos altamente ausentes en el curriculum es el profesionalismo (“Cultivo o utilización de ciertas disciplinas, artes o deportes, como medio de lucro”, Diccionario de la Real Academia española). No me satisface completamente esta definición. El profesionalismo podría ser definido como la conciencia de desempeñarse profesionalmente de manera eficiente e idónea, asumiendo las responsabilidades que corresponden, lo que significa: no estar buscando siempre excusas, no pasarse de los plazos, disciplinarse respecto de la fechas, saber tomar decisiones que van en pro del bien de la institución para la cual uno trabaja y hacer lo que uno se ha comprometido a hacer, etc.

Ese me parece un punto central y les explicaré por qué: existen sociedades en las cuales no hay espacio para la demora, para la queja existencial, para la ineficiencia o para las segundas oportunidades. Existen medios en Chile los cuales tampoco hay lugar para ello, y son muchos. Y no estoy hablando de Japón o Alemania, sino que de oficinas de Ministerios, de instituciones internacionales instaladas en Chile, empresas de opinión pública, etc. Tengo la sensación que como cuerpo académico somos bastante permisivos, que los estudiantes lo son, que damos siempre segundas y terceras oportunidades, que no aplicamos los reglamentos, y que por lo tanto no fomentamos la responsabilidad. Pienso sinceramente que todo lo anterior debería ser uno de los temas centrales del curriculum. Hasta el momento, tengo la sensación que el grado de profesionalismo del estudiante egresado depende casi exclusivamente de la estructura mental que le dio su familia. Me parece sin embargo que la carrera debería hacerse cargo de ello y no esperar que el aprendizaje del profesionalismo se haga en el momento de la práctica.


En conclusión, quisiera señalarles un comentario que hizo una persona con quien trabajo y que tiene una empresa que recluta a sociólogos en práctica o titulados: “Los de la Chile son raros. Son buenos, pero son raros”. Quiso decir que nuestros sociólogos parten de la base que la realidad es muy compleja, que cabe darse vueltas en teorías. Podemos preguntarnos que tenemos de raro los profesores, que se lo pegamos a los estudiantes, pero también me parece, que para aminorar la sensación de que nuestros egresados son “raros” cuando llegan al mercado laboral, deberíamos preocuparnos en el perfil de egreso que se adquieran destrezas sociales y de oficina básicas, así como un sólido profesionalismo.

PONENCIA ALBERTO MAYOL: APORTES PARA LA DISCUSIÓN SOBRE EL PERFIL DEL SOCIÓLOGO

El 27 de Agosto del 2008 se realizó el panel: "El perfil del sociólogo y socióloga de la Universidad de Chile, posibilidades y orientaciones para su definición", donde expusieron los profesores: Canales, Barozet, Asún y Mayol.

PONENCIA ALBERTO MAYOL: APORTES PARA LA DISCUSIÓN SOBRE EL PERFIL DEL SOCIÓLOGO

  1. Introducción

Asumo que quería aportar algo sólido o por lo menos un bosquejo de ello. Pero la semana se disuelve y al final este texto es una especie de crónica de las críticas a los posibles aportes. Pido disculpas. Quisiera haber construido un silogismo perfecto, o una red de ellos. Quisiera haber elaborado un perfecto modelo. Quisiera aportar una solución. Hay muchos que ya no me creen si digo eso. Lo repito, para que sepan lo que no me creen por lo menos. Pues bien. El problema es que el asunto es complicado. Y esta ponencia lo es más aún. Nos estamos preguntando por el perfil del sociólogo a generar, el perfil de la carrera, el perfil de la sociología, la forma de hacerlo, cómo construir mallas, son demasiadas preguntas y se superponen. Pero se supone que como sociólogos sabemos trabajar con variables superpuestas. Se supone. Lo intentaré. Tal vez no lo logre. Muchos fuimos formados sin perfil.

Comencemos por el principio. La valoración de esta instancia. Debo decir que hay eventos tan interesantes como tristes. Pasa con las grandes noticias, usualmente lamentables, pero cautivantes a la vez. Algo parecido ocurre con el perfil del sociólogo. Es un gran tema, pero que en la Universidad de Chile, a 50 años del origen de la carrera, tengamos que pensar en el perfil del sociólogo que queremos, resulta con toda evidencia una ironía en el aniversario, una mezcla entre humor negro y masoquismo. Por supuesto, estaría bien querer cambiarlo, hacer una crítica del perfil ya existente y dar cuenta de las necesarias evoluciones, por ejemplo. Pero asumir que no lo tenemos es algo triste.

Es cierto que nuestra ausencia de perfil es signo de los tiempos. La desarticulación histórica que ha padecido la sociología en la Universidad de Chile tiene evidentes connotaciones políticas, que de alguna manera nos exculpan. Pero ya no es hora de culpar al dictador, entre tantos culpables posibles. La responsabilidad está en nuestras manos y –hay que decirlo- ya lleva varios años en ellas. Y en ese sentido, el proyecto de disciplina que construyamos hoy, será –con las derivadas propias de cualquier acto incontrolable- la sociología del futuro.

  1. Cómo pensar el perfil del sociólogo

Esta ponencia es una reflexión primaria, más del pathos (y con suerte del ethos) que del logos, No constituye mi aporte al perfil del sociólogo, sino sólo mi aporte al inicio de una reflexión. Estoy dispuesto a estar equivocado. Y asumo que es necesariamente así porque comienza un proceso en el cual espero se llegue a un final todo lo feliz que sea posible. No estoy esperanzado, para ser sincero. Pero tengo el deseo de que contemos definitivamente con una base que sustente los mínimos que nos hayamos dado sobre lo que esperar de los sociólogos que formamos.

Añado algo más. Se nos ha invitado explícitamente (y cito) a “una instancia inicial de las actividades sobre la construcción del perfil del egresado/a y redefinición de la malla curricular (…) en el marco del proyecto MECESUP”. Esta cita, tomándola en serio, me preocupa. No me parece prudente en lo más mínimo que el MECESUP sea una instancia central de la redefinición de nuestro perfil. El MECESUP, junto a muchos otros proyectos y actividades, podría ser un insumo importante para nuestro perfil, pero la decisión del mismo es de racionalidad electiva y no instrumental, al tiempo que supone un fuerte trabajo deliberativo como comunidad académica y no es el resultado de una ecuación donde se ponderan dimensiones del perfil y sus pesos. Es decir, debemos hacer uso de dispositivos racionales, pero no tomar las decisiones con base en la perspectiva técnica. Por eso, todo esto debe ser al revés. Es el proyecto MECESUP el que debe estar en el marco de las actividades de elaboración del perfil. Y no al revés. No es un tema semántico. El orden de los factores altera significativamente este producto.

Pues bien. Cómo pensar el perfil, cómo abordarlo. Tenemos la tendencia, los académicos, a pensar modestamente en lo que nosotros proyectamos como una sociología con sentido de futuro. Hay gente, es típico, que dice “las cosas van para allá”. Esta observación la hace con frecuencia el profesor Baño. Lo cierto es que quienes dicen esa frase, siempre bosquejan un diagnóstico que les conviene. Digo que es curioso porque es raro que las cosas vayan justo para donde uno quiere. A mí suele no pasarme. De alguna manera admiro a ese gente. O al menos admiro su optimismo.

Tenemos la tendencia, decía, los académicos, a proyectar en el futuro nuestros deseos. Y si nos invitan a este foro, la primera reacción mía -y asumo que de todos- es pensar en lo que yo creo para la sociología y en la consular importancia de eso que yo veo tan obvio. Es inevitable pensarlo así, por lo demás, por lo que es muy honesto asumirlo. Y muchos diremos aquí ‘las cosas van para allá’. Pero si estamos aquí sentados es para meter la mano en la rueda de la historia. Por un instante, que nos importe un carajo hacia dónde van las cosas. Se supone que es el instante donde debemos pensar la sociología que queremos. Pero claro, la sociología que yo quiero es seguramente muy distinta a la que otros colegas quieren y a la que los estudiantes quieren y así sucesivamente. Solipsismo, que le dicen. Por supuesto, no es tan así. Podríamos hacer un estudio cuali y veríamos, no sé, seis o siete grandes discursos sobre la sociología que queremos.

Pero al final desconfío de la sociología que queremos. También. Si lo pensamos un instante, qué es eso de querer cierta sociología. Está bien preguntarse normativamente por la sociología, por supuesto. Pero eso no implica determinar nuestra disciplina por el deseo de ciertos personajes más influyentes en la escena, pues además es claro que para el conjunto de sociólogos la probabilidad de construir la sociología que quieren es muy baja.

Entonces. Primeras conclusiones. Que no nos importe hacia dónde van las cosas, al menos no en principio y como fundamento universal.

Dos: que no nos importen demasiado nuestros deseos. No es así como se construye disciplina. Al final, recordar a Freud, los deseos son muy miserables y todo termina en que todos debieran trabajar mis temas, pero a la vez como yo digo y de un modo profundamente semejante a lo que hago, siempre y cuando me reconozcan que yo soy el mejor en esa área y me citen siempre. Si no, que se vayan al carajo. Eso dicen los deseos, que además suelen decirnos: te mereces todo, el premio nacional y todo lo demás. Desconfiemos entonces de los deseos. Irreales y un poco miserables.

He aquí un punto. Cómo asumir la dosis necesaria de normatividad y cotejarla con un principio de realidad. Cómo construir la sociología que Chile necesita. Problema 1: cómo saber qué sociología es esa. ¿La que necesita el mercado laboral? Suena feo, pero en parte siempre es así. ¿Es lo único? Asumo que nadie diría que es lo único. Necesitamos una sociología que sea capaz de dar cuenta de esa confusa cosa llamada realidad, el objeto hecho gloria y majestad. Por supuesto, la realidad es algo enteramente discutible, pero eso no supone que no se la pueda investigar.

Pues bien. Queremos construir un perfil de sociólogo. Fantástico. Algo así como cortarlos a todos con la misma tijera. Puede sonar feo, pero es legítimo y necesario. Depende ciertamente de la tijera. Eso de todas maneras. Es importante que sea distinguible un egresado de nuestra universidad. Asumo que es mucho mejor que adaptarnos a cómo vienen las cosas. Esto es clave. Tenemos que elegir. Es contradictorio querer tener un perfil definido y adaptarse a cómo vienen las cosas. Lo segundo es sumirse en la identidad general, lo primero es diferenciarse.

¿Y significa acaso que un perfil debe ser acotado? ¿Significa que elegir una cosa implica desdecirse de las otras? No, pero sí. Podemos tener de todo. Pero no de cualquier modo. La Universidad de Chile (y he aquí un punto) no puede tener un corte de tijera demasiado acotado. Nuestra casa de estudios tiene alma de universal. ¿Alguien no está de acuerdo? ¿Alguien cree que los tiempos han cambiado tanto que nuestra universidad no debe tener alma de universal? Yo no lo creo. La Universidad de Chile es ya una tijera que perfila, es ya una marca indeleble, a pesar de todo. ¿Vamos simplemente a adaptarnos a los tiempos? ¿No vemos acaso que los tiempos están comandados por otros? ¿Y qué hace alguien que todavía puede luchar cuando su identidad y su existencia están en juego? Lucha, por supuesto. Qué va a hacer. ¿Adaptarse a qué sería la alternativa? ¿A ser una mala copia del otro?

La tijera que la propia universidad nos impone, y repito, nos impone, es una tijera amplia y llena de oportunidades. No es la restricción, es precisamente lo contrario. La ciencia que cobijó el origen de esta universidad era una ciencia para Chile, una ciencia para conquistar la libertad. La propia universidad lo dic3e de sí misma: no es sólo el hogar de la ciencia. Es también la sangre y la fuerza. Son las alas de la libertad. La Universidad de Chile no puede dejar de jugar todos esos partidos. Es el sentido de su existencia. Yo no quiero trabajar en la Universidad de Chile por ser la mejor universidad del país o porque engrosa mi curriculum vitae. Aquí está en juego un proyecto. Sé que nos da pudor pensarlo. Que suena tan ridículo. No es época para tener causas. Y no se trata de caer en el viejo pecado de la hybris, la pérdida del sentido por falta de prudencia. No se trata de ver las cosas maniqueamente. Se trata de saber que los proyectos históricos están enganchados, encarnados y expresados en el día a día, dónde si no.

Pues bien. Nuestra responsabilidad histórica debe estar primero. El que no quiera hacerse cargo de ella, tendrá que expresar las razones. No podemos ser indiferentes. El que quiera renunciar a la responsabilidad histórica de esta casa de estudios, que lo diga.

Entonces, ¿cómo hacernos cargo de nuestra responsabilidad histórica? Asumiendo nuestro complicado carácter de universales. ¿Qué significa? Que no podemos tener una clausura radical en el desarrollo teórico, por ejemplo. No podemos ser, por decir interaccionistas simbólicos y punto. Ni podemos decir ‘vamos a ser buenos en metodologías’. Por supuesto, tenemos que serlo, pero necesitamos mucho más. No es sólo una cuestión de formar competencias, insisto, que también. Está en juego nuestra responsabilidad histórica. Por esto es que la especialización debe ser un proceso coherente con un sentido más amplio. No nos dejemos engañar con las ideas de que hay demasiados temas y por tanto debemos ofrecer más electivos y menos cursos regulares, pues eso favorecería la diversidad. Esto está bien mientras no vulnere el núcleo del asunto: y es que un sociólogo debe ser susceptible de especializarse, pero ante todo debe ser sociólogo y sus esfuerzos posteriores por desarrollar más un área que otra no pueden ser garantizados por el plan de estudios regular. Debemos instalar competencias y conocimientos fundamentales, capaces de absorber nuevos conocimientos. No debemos dispersarnos.

  1. Desafíos

Lamento no poder extenderme sobre la cuestión de la especialidad, sobre la compleja paradoja de formar en diversas áreas a un nivel de especificidad suficientemente alto. Asumo y lamento la carencia, pero es fundamental decir algunas cosas más.

Una perspectiva central a mi juicio es que no hay perfil de sociólogo de la Universidad de Chile sin entender el sentido de esta universidad. Siendo la principal universidad pública, su responsabilidad es mayor en lo disciplinar y social. Por tanto, no podemos avanzar en el perfil sin un diagnóstico sobre el estado de la sociología en Chile, sobre la situación del país y sobre la dimensión normativa que le damos a la sociología que deseamos construir en el futuro.

Por eso, me parece relevante pormenorizar algunos desafíos. Como departamento de sociología y como disciplina en Chile, podemos apreciar al menos algunos desafíos evidentes:

I. Resolver los grandes problemas. El principal, a mi juicio, la carencia de una configuración sólida de escenarios. Es este el diagnóstico más claro.

1. Carecemos de una comunidad científica en sociología y menos aún en áreas temáticas

a. No discutimos con otras universidades.
b. No hay áreas temáticas consolidadas como comunidades de especialistas.
c. Nuestros investigadores no saben trabajar en comunidad.

2. Carecemos de un circuito de publicaciones consolidado en Chile. Ni nos leemos entre nosotros, salvo por morbo, control político o discusión preconcebida; ni tenemos cómo leernos decuadamente ante la ausencia de circuito. ¿Cuáles son las revistas nacionales de primera división? ¿Dónde parte uno publicando para llegar a una mejor? Atomizados, todos salimos a añorar la publicación en el extranjero que nuestras personales redes nos faciliten (sin desmerecer el talento, pero no todos los talentosos publican), pero salimos sin historia, sin trayectoria alguna.

3. En nuestro departamento contamos con una pobreza de criterio de discusión lamentable. Confundimos debates disciplinarios y diferencias de paradigmas con problemas personales. Y viceversa.


4. Y en la carrera tenemos una paradoja. Una cultura entre los estudiantes altamente orientada al desarrollo del pensamiento sociológico, con grandes talentos y conocimientos y con una búsqueda de actividades relevantes (revistas de estudiantes, valoración de los buenos trabajos, etc), favorece el desarrollo de buenos sociólogos. Pero por otro lado, de un modo lamentable, esa cultura está asociada al fetichismo y la banalización. Los buenos estudiantes son empujados a la invulnerabilidad desde temprano, jóvenes promesas altamente significadas en lo simbólico y nulamente significadas en lo pragmático (¿ o es que acaso el departamento le consigue becas a los iluminados?). Peor aún, los propios compañeros favorecen esta mirada y se hace un ranking de esta realidad. Los que están abajo están condenados. Sienten que no importa lo que hagan, el áurea mágica ya se instaló en el otro. Y los que están arriba están inseguros: no pueden hacer las necesarias preguntas tontas, no pueden equivocarse, tienen que hacer la tesis más maravillosa de la historia, etc. Lo veo cada día llevando el sistema de seguimiento de tesis. Conocimientos teóricos adecuados y hasta superiores, manejo adecuado de de técnicas –sobre todo cuantitativas-, buenas ideas investigativas, intuiciones interesantes; pero las destrezas básicas (cómo problematizar, cómo sacar conclusiones) y la capacidad de tomar decisiones investigativas. De hecho, es sorprendente lo que cuesta tomar decisiones a nivel de los estudiantes.


II. Definir nuestras zonas de potencialidad en prestigio, capacidad docente, formación y salida al mercado.


1. Este es un punto que juzgo de central. Mucho hablamos de procesos de modernización, de aprender a llevar a cabo nuestras FODAS internas, en fin. Veo por todos lados estos análisis con el nombre de estratégicos. Lo hemos hecho a nivel de departamento. Mi crítica al respecto es lapidaria: no tenemos un plan de desarrollo claro y coherente, con puntos críticos. Y está ahí, es evidente y claro. Me permito precisarlo.


a. ¿Qué necesitamos para potenciar nuestros profesionales? Fundamentalmente presencia de nuestra sociología y prestigio. Es un buen objetivo, porque si lo construimos desde un plan honesto y de mediano plazo, estamos pensando en hacer las cosas bien para que sean reconocidas. ¿Y por qué es importante el prestigio? Dirán que hablo de cosas muy bonitas y nobles. No seré noble. Hablo pragmáticamente: a los profesionales se les contrata fuertementye influenciados por el prestigio del lugar donde estudiaron. Mientras la U fue la universidad de más prestigio, se contrataba en primer lugar a la gente de la U. Cuando la PUC logró consumar su prestigio, empujado primero desde una perspectiva de imaginarios adaptados a las capas altas y luego sí por indicadores más ciertos, inmediatamente situó mejor a sus profesionales. Así es que el prestigio es articulador de calidad (al ser su consecuencia), de capacidad de difundir (para que se note) y de resultados prácticos.

b. Pero sigo hablando un poco estupideces. Espero dejar de hacerlo. ¿Cómo se obtiene prestigio? En la sociología proviene de la investigación y de la vida académica. Si ustedes observan, es el mundo académico el que proyectado a la vida social otorga prestigio. En este sentido, el que logre el dominio de la esfera académica, tiene una mayor probabilidad de imponerse en el juego final. No es el que logra mejores puestos para sus egresados. Es éste un resultado del prestigio, no su causa. Por ejemplo, tiene una mayor probabilidad de ser contratado como académico un sociólogo de la Universidad de Chile o de la PUC que uno de otra universidad. Es un dato. La tendencia del último tiempo es que abundan más los jóvenes académicos de la Católica, o sea vamos perdiendo la batalla del prestigio. ¿Cómo lo hicieron? No importa. ¿Cómo lo podemos revertir nosotros? Simple. Sabemos que tenemos la materia prima. Nuestros estudiantes, con facilidad, transitan en la deriva académica. Sin embargo, ¿cómo hacer carne este elemento?

c. La Universidad de Chile tiene la imagen histórica de una universidad a la vanguardia de los procesos sociales. Para una universidad cualquiera, es inverosímil ante la ciudadanía plantear que propone hacerse cargo de una reforma importante. Cuando lo logran (que ha ocurrido) es una labor titánica y admirable. Pero para la Universidad de Chile esa ha sido una constante. Y la gente lo sabe. Si formamos una instancia, un programa, especializado en formación de competencias académicas, desde elementos teóricos, investigativos hasta teoría del aprendizaje (que no sabemos), procedimientos de evaluación, va a ocurrir que quienes marcarán diferencias en el mercado serán los nuestros y que a iguales curriculum, pesarán elementos añadidos como estos.

d. ¿Por qué darle un peso fuerte a la formación académica? Porque es el nudo que no es contradictorio con nada. La mayor parte de los sociólogos trabaja en investigación. Y la formación académica provee precisamente de esa competencia. Somos productores, sistematizadores de información, analistas, intérpretes. Es cierto que hay sociología en la intervención. Y ni la desmerezco ni la encuentro irrelevante. Todo lo contrario. Sin embargo, ella deriva también de las etapas investigativas y analíticas. La investigación es el medio específico del sociólogo. Fines pueden haber muchos. Para decirlo a lo Weber, durante la historia la sociología ha desarrollado diversos fines, pero su medio específico es el mismo.

e. Esto supone que debemos darle a nuestros investigadores jóvenes nuevas responsabilidades y debemos formarlos en competencias superiores, otorgando oportunidades y exigencias. Esto es clave. Cuando se implementan cambios y se definen perfiles claros, todas las exigencias toman carne y aumentan en términos absolutos y relativos. En rigor, recién pueden existir. Por eso, construir un perfil adecuado es un problema para todos, para profesores que se encuentran frente a diseños de cursos basados en objetivos últimos, para estudiantes que serán evaluados a partir de un criterio general que impide esas prácticas adaptativas por cada escenario.

Propongo atacar nuestro futuro con estrategia y con responsabilidad. No desprendernos de nuestro pasado, de la sociología que acá se hizo. ¿Cuántas tesis hay al respecto? ¿Cuántos académicos han ordenado esa historia vital de nuestra sociología? Por nuestras aulas pasaron grandes maestros. ¿Qué vamos a hacer con esa historia? ¿Simple cuento de hadas, para venta del folleto (que ni siquiera)?

Debemos hacer interactuar los perfiles de la disciplina, la universidad, el sociólogo deseado, el de la carrera añorada. Debemos recordar que la sociología tiene sus condiciones. Debemos combinar esto con el perfil de la universidad. Y con el perfil del sociólogo que se requiere para la actualidad. La carrera que diseñemos proviene de esta ecuación, aún no resuelta ni ponderada. Esta discusión abre los fuegos, aparentemente. No puedo decir que confíe en esta conversación, demasiado formalizada para mi gusto, basada en el carisma del púlpito y en el electrizado público de las tres de la tarde, con sueño de siesta y estómagos llenos. No me ilusiona la instancia. Ni creo que las cosas ahora se están haciendo como para llegar donde debemos. Hacemos esfuerzos. Nom dudo de las buenas voluntades yb hasta de algunos aciertos. Pero estamos lejos. Muy lejos. Para ser claros., No hemos estado a la altura de nuestra responsabilidad. Me acusarán de mesiánico. No me molesta. Usualmente los acusadores de mesiánicos son los mismos que creen en el mesías, no se entiende nada ni me importa. Pero no es así. Es todo lo contrario.

No lo niego. Creo en la prudencia, en no perder los papeles, en no caer en el griego pecado de la hybris, el mareo de poder. Pero al mismo tiempo, creo en la ambición. En la ambición de un proyecto colectivo. Entiendo que muchas universidades elijan un punto, un nudo, para transitar a un futuro perfilado. Asumo que es razonable para muchos abocarse a un área específica, decidir que interesará la sociología de las organizaciones o la investigación de mercado o la formación de funcionarios públicos. Está bien. Pero me aparece el siglo XIX y ese viejo proyecto casi caído y derrumbado, pero persistente y terco, que me dice “demonios (los proyectos siempre dicen demonios), la Universidad de Chile puede tener lo uno y lo otro, es la Roma de los caminos, es el Aleph donde se reúnen los lugares del universo”. Dirán que exagero. Pero sólo exagerando se pudo construir esta universidad tal y como fue. No es con utopías, con irrealidades, es con la aguda intensidad de saber qué es lo posible, por incómodo que parezca el esfuerzo por intentar eso que se ve tan lejano. Que no nos gane la flojera. Menos los prejuicios ni la mediocridad.